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jueves, 19 de enero de 2012

Capítulo 11. La traductora de Rajoy


De izquierda a derecha: Rompuy-Traductora-Rajoy

El problema no es que un bebé gallego, nacido en plena dictadura franquista, esté predestinado a aprender inglés. No es que un niño educado con los punitivos campanazos de la pedagogía fascista deba estar cerebralmente predispuesto a interiorizar una lengua extranjera. No es que un cuerpo alimentado a base de potajes, empanadas y queso de tetilla deba sentir, de repente, el cosquilleo de lo exótico, la inquietud por lo que se “cuece” más allá del Pirineo. No es que un joven registrador de la propiedad deba verse obligado a interiorizar gramáticas distintas de aquella con la que tan suficientemente se expresaba Don Quijote. No es que un político emergente que tuvo el valor de sobrevivir a Esperanza Aguirre en un accidente de helicóptero esté forzado, encima, a tener que pasar las tardes en una escuela de lenguas, donde le obligarían a espetar vocablos sin eñe, locuciones que probablemente no entenderían ni en Valdeperdices, ni en Puente Tocinos, ni en Esparragosa de los Lares.

El problema no es ése.

El problema es que se trata de un señor que representa a más de 47 millones de personas. El problema es que de él dependen más de un billón de euros de la economía española. El problema es que en casi 60 años no ha sido capaz de aprender 1000 malditas palabras en inglés. El problema es que este genio políglota es el que debe guiarnos en la órbita europea. El problema es que, a tenor de la foto, la traductora no entiende a Rajoy ni cuando éste habla en castellano. El problema es que ahora empiezan a “traducirse” todos los hermetismos conceptuales, todas las piruetas semánticas con que nos han tratado de engañar durante la campaña electoral. El problema es que ya es demasiado tarde para dar marcha atrás. El problema es que don Mariano ya está arriba de todo, como abanderado de la agudeza cognoscitiva de una derecha reaccionaria que lleva décadas aguándonos la fiesta. El problema es que esto que llaman democracia no es suficiente, que las urnas son un instrumento para reducir los argumentos al 'me gusta' o 'no me gusta', a la lógica del Facebook, y que además permite que el que salga elegido sea, precisamente, el menos lumbreras de la clase.


Just think about it, Mariano.