Hoy titula El País: «España domina Europa al toque
y al contragolpe». Es fácil deducir que no se refiere a un domino
de los mercados, sino a que somos los mejores en darle patadas a las cosas
(entre otras, a los balones de cuero). En concreto se refiere a que los españoles
tenemos dos tendencias relacionales: una es el ataque duro, demoledor,
aplastante. Ésa es la línea del fascismo. Es la línea de Mourinho tirando de
piernas de Cristiano Ronaldo y de aplausos cómplices hacia las gradas de los
Ultra Sur. La otra es el toque, los rondos infinitos, los mareos de un
espectador que cae embelesado, casi drogado, mientras ve en los patrocinios de Unicef
o de la Fundación Catar una personificación futbolística del Bien, mientras ve
como Messi (pequeño, rápido, subrepticio) penetra en el área, marca un gol,
celebra con gesto de circunstancias, y de pronto, desaparece. No sabemos cómo ha
sido, pero alguien ha movido miles de millones de euros a nuestro empobrecido alrededor,
y encima ha logrado que nos parezca bien, que nos parezca lógico, porque
creemos que Messi, el mesías, es inherente a nosotros mismos. Foucault decía
que el Biopoder es una estrategia encubierta para subyugar a los cuerpos y
controlar a la población. Messi es un estrategia encubierta, es invisible, es insidioso: es el Biopoder.
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viernes, 6 de abril de 2012
Capítulo 26. Fascismo y Biopoder
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