Tsipras
Si un comunista griego, como Tsipras,
y un economista liberal, como Paul Krugman, coinciden en afirmar que la actual estructura
económica europea es un zombi que sigue matando a pesar de estar ya muerta, es porque
algo muy grave debe estar pasando. Si desde los partidos políticos, como el PP,
y los medios de comunicación, como el País, se desacredita a ambos por el mismo
argumento, como si éste atendiera a una suerte de conspiración ideológica que ambos
tratan de imponernos, es porque algo todavía más grave está pasando: nos
estamos saltando el principio de no-contradicción. No puede ser que un
comunista y un liberal lleguen a la misma conclusión sin que esa conclusión sea
significativamente verdadera, es decir, válida más allá de su subjetividad
ideológica. Y lo peor de todo es que si millones de personas, envueltas su
ferviente conservadurismo, siguen sin entender que no pueden obviar el
principio de no-contradicción, llegará un día en que morderán obsesivamente un plato vacío
convencidos de que hay lentejas sólo porque en el “equipo contrario” han dicho
que en ese plato no hay lentejas. Y peor aún es que de ahí comemos todos.
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